Artículo de opinión

El imperialismo norteamericano, y sus adláteres, europeos y latinoamericanos del Grupo de Lima, se han líado en una suerte de contubernio macabro contra los pueblos, y sobre todo contra los gobiernos y regímenes políticos que le son adversos, en virtud de los problemas financieros y geopolíticos que vienen confrontando desde el siglo pasado, pero que han cobrado fuerza desde la debacle financiera evidenciada en el año 2007 hasta nuestros días.

A la par, vienen emergiendo, y consolidándose potencias en lo económico, político, científico, social y militar, como China, Rusia, Turquía e Irán, sin subestimar a Sudáfrica y La India, lo cual pone en jaque la hegemonía que en todo ese orden mundial ostentaban los Estados Unidos de Norteamérica. Aunque no es responsable afirmar que el imperialismo norteamericano está caído, hace  rato que su modo de vida cayó en barrena y viene en franca decadencia, al menos como sistema político, pues recurre abiertamente a políticas genocidas sin disimulo, ni recato alguno, para  hacerse de territorios,  de  sus recursos y hasta de sus pueblos mediante prácticas abusivas y violatorias de la soberanía, independencia de los países y por ende de sus derechos humanos. Amenaza abiertamente al adversario, incluso se lo liquida, como el caso de asesinato del General Qassem Soleimaní, y, más recientemente a su paisano el científico nuclear, considerado por la República Islámica de Irán como su científico más importante el Dr. Mohsen Fakhrizadeh, hechos acaecidos ante la mirada atónita del mundo.

Estamos ante un sistema imperial que constituye una abominación para la humanidad misma. Que cuando de sus intereses se trata no escatima en perpetrar cualquier atrocidad, bien sea para promover y participar en cambios de regímenes políticos en países como la República de Cuba, en el Estado Plurinacional de Bolivia, o más recientemente, en la República Bolivariana de Venezuela, a través de un arma de guerra que han venido instrumentando durante décadas en el caso de Cuba Revolucionaria, y en la Venezuela Bolivariana chavista, como son las medidas coercitivas unilaterales, sanciones aplicadas a servidores públicos, altos funcionarios del Estado Venezolano, con la pretendida intención de paralizar la acción del mismo, así como a empresas nacionales e internacionales que hagan o pretendan hacer negocios con Venezuela.

Por si fuera poco, las medidas coercitivas unilaterales, le han servido a los regímenes tanto estadounidense, como a su coro europeo, para despojar, o confiscar, a la República Bolivariana de Venezuela buena parte de sus activos en el exterior, verbi gracia, el oro venezolano en el Banco de Inglaterra; la empresa Monómeros en Colombia; la empresa Citgo en EE. UU; los 1.200 millones de euros confiscados por el Novo Banco de Portugal; etc. etc. Para perpetrar tamaña fechoría contra el patrimonio de los venezolanos y las venezolanas, la estrategia imperial fue criollizada, pues necesitaba montar un sainete, so pretexto de rescatar la “democracia” lo cual logró, con un elenco, conformado, casi en su totalidad, por los diputados y diputadas de oposición a la revolución bolivariana, electos a la Asamblea Nacional del año 2015, lo cual quedará como una de las páginas más oscuras y vergonzosas de toda la historia política de Venezuela, por antinacionales, apátridas, entreguistas, corruptos y traidores al gentilicio, a la Constitución y al pueblo.

Toda esta urdimbre entreguista, se ha evidenciado, a través de las costosas e infames campañas mediáticas que a nivel internacional se hacen contra el chavismo y su gobierno presidido por Nicolás Maduro Moros, que con estoico compromiso, por su pueblo y por el legado del Comandante Hugo Chávez, lo ha tolerado todo, lo ha soportado todo, eso sí; sin ceder un milímetro ni nuestra soberanía, ni nuestra independencia, ni nuestra dignidad como pueblo revolucionario que somos. La tradición libertaria e irredenta del pueblo venezolano se impondrá una vez más y juntos pueblo y gobierno lograremos la consolidación de una patria libre y soberana.

Por: Sandra Oblitas Ruzza

Rectora de la Universidad Bolivariana de Venezuela

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